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martes, 30 de diciembre de 2008

2009 - AÑO INTERNACIONAL DE LA ASTRONOMIA

Via PAGINA 12 del capo Lic. Mariano Ribas, un hermoso rejunte de las imagenes astronomicas que nos regalo el 2008, anticipando el AÑO donde la astronomia deberia tener la difusion necesaria y asi poder conocer mas donde estamos parados, conocer nuestro pasado, presente y futuro...

Disfruten...

Galería del Universo 2008

La gran fiesta del Universo está por comenzar. Y en buena hora. La humanidad le debía un homenaje a la decana de las ciencias. Sólida, elegante e inigualablemente seductora. Nacida hace miles de años y construida a fuerza de pura fascinación, pacientes observaciones, cálculos, aciertos, errores y fabulosas hazañas intelectuales. Todas inspiradas por cielos oscuros y desbordantes de estrellas. Cielos que, por primera vez (hasta donde sabemos), fueron perforados por Galileo y su telescopio allá por 1609, hace 400 años. Un hito y una cifra dignos de ser celebrados: sí, 2009 será el Año Internacional de la Astronomía.

Por Mariano Ribas

La idea surgió originalmente de la Unión Astronómica Internacional y la Unesco. Y a fines de 2007 fue oficializada por las Naciones Unidas. Bajo el lema “El Universo, para que lo descubras”, la iniciativa global busca estimular el interés y la curiosidad de toda la humanidad por la astronomía y la ciencia en general. Los escenarios de esta megafiesta serán muchos y variados: observatorios, planetarios, universidades, colegios, playas, sierras, campos, plazas, calles, y hasta terrazas. Aquí, allá y en todas partes, astrónomos profesionales, amateurs, docentes, y divulgadores científicos saldrán al ruedo con charlas y telescopios para desparramar la astronomía. El juego está abierto para todos. Y Futuro, por supuesto, también hará su parte. Por ahora, y a modo de sabroso aperitivo de lo que vendrá, pero también como infaltable balance de lo que pasó, vamos a echarles una mirada a algunas de las imágenes astronómicas más impactantes y significativas de 2008. Postales del Cosmos, especialmente elegidas, que nos invitan a soñar, a disfrutar y a pensar en horizontes nada cotidianos, pero absolutamente deseables.

1) LA SOMBRA DE LA TIERRA

Para recorrer esta Galería del Universo 2008 vamos a optar por un razonable criterio de distancias: de lo más cercano a lo más lejano. Y qué más cercano que la Luna. Aunque no exactamente, porque lo que más nos interesa de esta impresionante fotografía compuesta es otra cosa. El pasado 16 de agosto se produjo un eclipse parcial de Luna. Más del 80% del diámetro lunar se hundió en la “umbra”, el enorme cono de sombra terrestre. Su diámetro es tan grande (más de 9000 kilómetros, a la altura de la Luna), que durante los eclipses sólo podemos ver una parte proyectada sobre el disco lunar. Una suerte de “mordida” incompleta. Y justamente allí está lo ingenioso e impactante de esta imagen de Anthony Ayiomamitis, un astrónomo aficionado griego (que muy gentilmente nos la cedió para publicarla en Futuro). Ayiomamitis tomó una secuencia de fotos del eclipse, y luego las ensambló prolijamente con un procesador de imágenes. Resultado: se ve claramente el desfile de la Luna, pero también –y hete aquí lo mejor– la monstruosa sombra de la Tierra. La foto fue publicada en la famosa página de Internet “La Imagen Astronómica del Día” de la NASA. Y causó sensación. Se entiende.

2) MERCURIO EN COLOR

Pegamos un gran salto, y nos vamos al planeta más cercano al Sol: en enero, la sonda espacial Messenger (NASA) tuvo su primer encuentro cercano con Mercurio. Fue un sobrevuelo breve, pero por demás emocionante: hacía más de 30 años que ninguna nave visitaba al más pequeño de los planetas (desde la Mariner 10, en 1974-75). Más allá de unos cuantos datos y mediciones, el “mensajero” de la NASA obtuvo una serie de finas imágenes del modesto y demacrado mundito, rocoso por fuera, pero pesadamente metálico por dentro. La joya de la colección fue esta vista inédita de Mercurio en color “casi real” (las vistas del Mariner 10 eran en blanco y negro). ¿Por qué “casi”? Simplemente porque, además de un filtro rojo y otro violeta, la cámara del Messenger utilizó también un filtro infrarrojo. De todos modos, lo que aquí vemos es bastante parecido a lo que veríamos con nuestros ojos si viajásemos hasta Mercurio (convengamos que no es la felicidad hecha planeta, claro).

Hace poco, en octubre, Messenger volvió a sobrevolar Mercurio. Y lo hará nuevamente el año que viene. Finalmente, en 2011, la nave de la NASA se instalará en órbita del planeta, y entonces sí empezará a estudiarlo a fondo.

3) PHOENIX Y EL HIELO DE MARTE

Y aquí tenemos uno de los más grandes hits astronómicos del año: la exitosa misión Phoenix, un aparato de la NASA que el 25 de mayo descendió en la zona ártica de Marte (ver foto de tapa). Su misión principal era tomar muestras del suelo (con su brazo robot), analizarlas a bordo (mediante una serie de “hornos” y laboratorios), y así buscar compuestos favorables para la vida (pasada o presente), agua, materia orgánica, sales, y otras cuestiones sumamente interesantes. Aunque también se hizo su tiempo para medir temperaturas (máximas de unos 20C, durante el día; y mínimas de 80C, de noche), vientos y presiones atmosféricas (de apenas 7 u 8 milibares). Pero el gran tema era el hielo. Y cuando decimos hielo, hablamos de agua congelada. A partir de indicios logrados por naves orbitadoras, ya era harto sabido que el subsuelo marciano escondía mucha agua congelada. Y muy especialmente en las zonas cercanas a los polos. Sin embargo, verlo, tocarlo, y “olfatearlo” directamente, era otra cosa. De entrada nomás, los propios cohetes de descenso del Phoenix levantaron sin quererlo el polvo superficial. Y dejaron expuestas unas curiosas capas blancas y lisas por debajo de la nave (ver foto). Con el correr de las semanas, se confirmó que, efectivamente, eran placas de hielo de agua. Pero el gran impacto llegó a mediados de junio, cuando se comprobó que el material blanco que aparecía en una de las excavaciones del brazo robot del Phoenix (ver foto insertada) se había sublimado parcialmente por acción del calor solar. Y que no podía ser otra cosa que hielo de agua.

Tal como se esperaba, Phoenix fue agonizando lentamente a medida que finalizaba el verano boreal marciano, cada vez con más frío y menos luz solar. Y así fue como el 2 de noviembre, helada, y ya sin energía para cargar sus baterías, la navecita envió sus últimas señales de vida a la Tierra. Ahora, mientras los científicos de la NASA siguen analizando las pilas de datos que transmitió desde Marte, Phoenix está hundida en las penumbras, y cubierta de escarcha marciana.

4) PLANETA EXTRASOLAR EN LUZ VISIBLE

Que existen planetas más allá del Sistema Solar no es ninguna novedad: se sabe desde mediados de los años ‘90. Al día de hoy, ya se han descubierto más de 300 mundos orbitando otros soles. Sin embargo, saber que existen no necesariamente implica que los hayamos visto. En realidad, casi todos los “planetas extrasolares” han sido detectados mediante indicios indirectos. Fundamentalmente, a partir del muy sutil “bamboleo” observado en sus estrellas. Un fenómeno generado, justamente, por el juego gravitatorio entre soles y mundos. Claro, verlos es otra cosa. Y obviamente, es dificilísimo, dado que una estrella brilla millones de veces más que un planeta. Aún así, el Telescopio Espacial Hubble se las arregló para rescatar del anonimato a un planeta que gira en torno de la joven estrella Fomalhaut, un clásico de los cielos australes. Fomalhaut aún está rodeada de un disco de materiales, sobrante de su propia formación. Y justamente en el borde interno de ese disco, muy lejos de la estrella (más de 20 veces la distancia Sol-Júpiter), es donde está su planeta: Fomalhaut b. Si bien es cierto que en las últimas semanas se han fotografiado otros planetas extrasolares en luz infrarroja, esta foto del Hubble es la primera en luz visible de un mundo orbitando a otra estrella.


5) LA “NUEVA” VIA LACTEA

A decir verdad, ésta no es una foto. Y tampoco podría serlo: como vivimos adentro de la Vía Láctea –nuestra galaxia– es completamente imposible verla o fotografiarla completa. Sin embargo, desde hace varias décadas, los astrónomos vienen mapeando y midiendo distintas zonas de la galaxia, para lograr un boceto aceptable de su silueta. Y en esto, claro, también han ayudado mucho las observaciones de otras galaxias vecinas y no tan vecinas.

Hasta fines del siglo XX, todas las maquetas de la Vía Láctea la presentaban como una clásica galaxia espiral, de unos 100 mil años luz de diámetro, unas 200 mil millones de estrellas, y 4 brazos principales que partían de su núcleo, y se retorcían a su alrededor. Pero hace unos años se descubrió que, en realidad, el núcleo galáctico está atravesado por una inmensa “barra” de estrellas y nubes de gas y polvo. Y por eso, la Vía Láctea pasó a clasificarse como una galaxia “espiral barrada”. Finalmente, en junio de este año, un grupo de científicos que trabajaron con el Telescopio Espacial Spitzer (NASA), volvieron a patear el tablero: ahora resulta que la Vía Láctea tampoco tiene 4 brazos principales, sino 2. Son los brazos de Scutum-Centaurus y el de Perseus. Y ambos nacen en los extremos de aquella barra central. Lo que no cambió fue nuestro lugar: el Sistema Solar está irremediablemente perdido en los arrabales galácticos, en el modesto sub-brazo de Orión, a 26 mil años luz del corazón de la Vía Láctea.

6) Y 7) GALAXIAS Y MAS GALAXIAS

Y resulta que, más allá de su figura espléndida y sus impresionantes dimensiones, la Vía Láctea es apenas una de las, quizás, 100 mil millones de galaxias que pueblan el Universo. Las galaxias son bastante sociables, aunque su sociabilidad se basa en una mera cuestión de fuerza... de gravedad. Sí, forman grupos de decenas de integrantes (como el “Grupo Local” al que pertenece la Vía Láctea). Y los grupos, a su vez, forman cúmulos. Uno de los más notables es el “Cúmulo de Coma”, una metrópoli de miles de galaxias, a 300 millones de años luz de la Vía Láctea. En junio, el Telescopio Espacial Hubble se despachó con la mejor foto jamás tomada de este imperio galáctico. Y aquí está. En realidad, lo que se ve es un pedacito del “Cúmulo de Coma”. Y aun así, resulta impresionante.

Mirando aún más lejos, a unos 450 millones de años luz de la Vía Láctea, el Hubble también se ocupó del “Cúmulo de Hércules”, otra colección inmensa de galaxias. Y en medio de todas ellas, clavó la vista en este dúo por demás particular: NGC 6050 e IC 1179. Son dos espléndidas espirales (conocidas también como ARP 272) en pleno proceso de colisión. Esta foto, otra de las joyas celestes de 2008, fue publicada por la NASA en abril con motivo del cumpleaños número 18 del Telescopio Espacial Hubble. Y nos muestra algo muy parecido a lo que ocurrirá por estos pagos dentro de 3 mil millones de años, cuando la Vía Láctea y Andrómeda se fundan en un abrazo final y unificador.

Hasta aquí llegamos. La Galería del Universo cierra sus puertas. Y tras una refrescante mirada a las grandes postales astronómicas del año que ya se nos va, estamos listos para recibir al año que ya se nos viene encima. A no olvidarlo: más allá de las crisis, las mezquindades, la chatura mental, y las miopías que hacen invisibles los grandes horizontes, 2009 será muy valioso para la humanidad. Será el Año Internacional de la Astronomía. El año en que todos, pero todos, debemos salir a celebrar, de cara al cielo, la gran fiesta del Universo. Somos parte, no lo olvidemos.

jueves, 26 de junio de 2008

30/06. 100 Años del Evento TUNGUSKA

Por Jesús A. Guerrero O.
Sacado de: http://www.tayabeixo.org/articulos/tunguska.htm

"En la madrugada del día 30 de Junio de 1908, en la región de Siberia donde fluyen los ríos Podkamenaya Tunguska y Nizhniaya Tunguska, ocurrió una gigantesca explosión que superó en dos mil veces la bomba lanzada en Hiroshima. Esta explosión destruyó árboles de distintos tamaños en una extensión de más de 2.200 kilómetros cuadrados y produjo una onda sísmica que fue detectada en sitios tan alejados del lugar como San Petersburgo y San Francisco.

La región del evento de Tunguska.

Posterior a la explosión, ocurrieron las denominadas noches blancas. Por más de una semana, las noches lucieron inusualmente brillantes. En lugares tan apartados de la zona del acontecimiento, como Londres, se reportaron luces en el cielo, que incluso permitían leer durante la noche sin el auxilio de ninguna luz artificial.

El 3 de Julio, los científicos atribuían las noches blancas a perturbaciones eléctricas ocurridas en la alta atmósfera terrestre producto de explosiones solares. Similares noches fueron reportadas después de la erupción del volcán Krakatoa en 1883.

El observatorio de Irkutsk, a 900 kilómetros del epicentro del evento, reportó perturbaciones en el campo magnético de la Tierra.

¿Qué ocasionó tal explosión? ¿Qué perturbaciones se produjeron a partir del colapso? ¿Qué efectos persisten hasta el día de hoy? Son algunas de las interrogantes que se han planteado los científicos, algunas de las cuales permanecen aún sin una respuesta convincente.

Las primeras expediciones.

El primer investigador en llegar al sitio del acontecimiento fue Leonid Kulik, quien arriba al sitio de la tragedia, 19 años después de que ocurriera. Kulik consiguió con bastante problema los servicios de un guía de nombre Ilya Potapovich Petrov e inició en Abril de 1927 los trabajos científicos para desentrañar lo ocurrido.

Las huellas que registra del suceso son impresionantes. En sus recuerdos, Kulik escribe ”...no me puedo imaginar realmente toda la grandiosidad de esta caída excepcional... desde aquí, desde nuestro punto de observación, no se ven síntomas de bosque; todo está derribado y quemado alrededor... a esta área muerta se aproxima un bosque joven de 20 años... da miedo ver a estos gigantes de 80 centímetros de diámetro quebrados por la mitad como si fueran cañas...”

“... existen huellas de quemaduras tanto en el bosque tumbado, los restos de arbustos y musgos y en las cimas y pendientes de las montañas, como en la tundra y las islas aisladas de tierra entre los pantanos cubiertos de agua...”

Kulik realizó varias expediciones hacia el sitio de Tunguska, hasta que debido a la II Guerra Mundial debió suspenderlas.

Leonid Kulik murió en la II Guerra Mundial. Este infeliz acontecimiento retrasó el trabajo científico hasta el año de 1958, cuando se reinician las investigaciones con la trabajo conducido por el científico K. Florenski.

Estas expediciones siguieron en 1963, con la conducida por Nikolai Vasiliev. No fue sino hasta el año 1990 cuando se permitió el acceso de expediciones científicas provenientes del extranjero. Hasta el momento, se han realizado más de 60 expediciones al sitio de Tunguska y se ha desarrollado un extraordinario trabajo de colaboración científica sobre el evento.

Tunguska hoy.

El no haber conseguido una herida estelar (cráter), todos los análisis científicos conducen a la conclusión de que el objeto que produjo la devastación en Tunguska, explotó en el aire.

Levantamientos topográficos y trazado del apilamiento de árboles producidos por la caída, han permitido establecer la trayectoria y tamaño del objeto. Hoy se estima que el objeto que produjo el evento de Tunguska fue un meteoroide de piedra de unos 80 metros de tamaño. Al penetrar nuestra atmósfera a una velocidad de 22 Km/s y con un ángulo de 30º sobre el horizonte, liberó una energía de unos 29 megatones de TNT. El destello producido por la explosión alcanzó un brillo equivalente a 100 veces nuestro Sol a una distancia de 100 Km.

Representación de la mariposa de Tunguska

La secuencia que se muestra es parte de un excelente trabajo realizado por Diane Neisius, que recopila los últimos trabajos y conclusiones sobre el evento de Tunguska. Hoy, se asume que el objeto explotó a una altura de 16 Km sobre la superficie. Que en su ingreso, recorrió unos 125 Km sobre la superficie de la Tierra. Que la bola de fuego que produjo la explosión alcanzó unos 13 Km de tamaño y que el hongo de polvo y gases se extendió por una altura de unos 60 Km y un ancho de 200 Km.

Secuencia de lo ocurrido, realizada por Diane Neisius

Hoy, un bosque joven se sobrepone a esta espectacular caída. Las huellas de este “roce” cósmico están desapareciendo rápidamente sobre la faz de nuestro planeta.

El sitio de Tunguska, hoy

El bosque joven avanza sobre las ruinas

Sólo nos resta estar atentos y vigilantes. No en balde, se están haciendo grandes inversiones para el sistema de detección temprana de objetos que se acerquen peligrosamente a nuestro planeta. Aún hoy, sería muy difícil detectar un objeto de 80 metros acercándose a nosotros. Los científicos estiman que un objeto pequeño (unos 200 metros) que penetrase lentamente a nuestra atmósfera (unos 30 Km/s – recuerden que los meteoros ingresan entre unos 40 – 70 Km/s) produciría una explosión equivalente a 1.000 Megatones de TNT, generando un destello equivalente a 10.000 veces el brillo de nuestro Sol, a una distancia de 100 Km, algo verdaderamente catastrófico!"